



Dulces cantares resuenan
de la más música serena,
con la caída repentina
en aplicada constancia,
líquida, fragante y mullida,
a la madura luz del día.
Se derrama el verde,
laderas abajo inunda;
su presencia abunda,
volviendo a crecer fuerte.
Secas hierbas se empapan
de su ocre y dorado color,
al viento movidas en danza
de amarillento rubor.
Entre un viraje sonoro
que inunda en silencio el recodo
del agua en tromba,
me hallo a la sombra.
Cuán precioso el tiempo
se detiene a beber
en tus orillas.
¡Qué apresurada quietud!
¡Qué sensación, tan bien y tan mal!
Otro tren que coges con las maletas
repletas de ilusiones.
Y, qué sorpresa, llueve.
Y, qué sorpresa, hace frío.
Para el tren, pero no estoy donde quisiera,
y vacías las maletas de todo contenido;
¿dónde estoy?
¿qué he hecho para llegar hasta aquí?
¿qué hago ahora?
¿Cómo vivir en un viaje perpetuo
destino a la incertidumbre,
alado y con cadenas?
El mundo es demasiado difícil
para ser tan sencillo.
Sé que estás, Apolo,
pero no consigo verte.
¿Dónde está la luz?
Miro por la ventana,
pero no consigo ver.
¿Dónde para este tren?
¿Dónde acaba el viaje?